* este es un artículo que forma parte originalmente del libro de Alejandro Cánovas Pérez: Cosario cultural, El Cid Editor, 2022, p. 17
Es importante, a veces, observar que fenómenos que no están aparentemente ligados y evidentemente, conectados, mantienen relaciones curiosas. Una de ellas es el clima y su influencia en la civilización.
Si pensáramos cuánto determinó en las necesidades culinarias, de vestido, de formas de llevar la construcción de las casas, de costumbres y modos de vida, el hecho de que hubiera calor en cierta zona del planeta, mientras que en otra, el frío torturara a los seres humanos, reaccionaríamos notificando una realidad: el desierto hizo que el egipcio usara faldellines y se desnudara el torso y la espalda, y que sus mujeres, llevaran la moda de los linos transparentes, no sólo por mostrar ciertas bellezas, sino por el calor sofocante; además, una cocina tan suntuosa como la francesa, que le debe tanto a su historia, pertenece sin embargo, a una necesidad semejante a la de la mexicana o la china: alimentarse bien a causa de un gélido invierno y a la oportunidad de la confluencia de muchas culturas en medio de un clima variado en un territorio unificado política y económicamente, también vasto y rico en diversidades de costumbres.
El hecho cultural es determinado indudablemente de alguna manera por un clima: las casas, historia de los hombres contada por sus casas, a la manera del pensador cubano José Martí (1853-1895), reflejaría muy bien, cuando el hombre babilónico al construir sus viviendas de dos plantas y... ¡sin ventanas !, éste sólo intentaba dominar un calor abrasador de día, manteniendo una temperatura, algunos grados inferior dentro de lo techado y por la noche, dormir en la terraza, con el fresco nocturno. Estas variaciones térmicas conducen a hábitos culturales por supuesto, diferentes. Otro ejemplo, el mar Caribe, es un mar increíblemente benévolo en cuanto a temperaturas... ¡pero, cuidado!: imaginemos las bellas casitas japonesas, de bambú y de papel ( a prueba de terremotos ) bajo esas lluvias torrenciales, casi cascadas del cielo, o barridas por vientos espectaculares provenientes del justamente famoso huracán anual... sería horrible.
Así, el clima rige, de cierta manera, la civilización y la cultura humana.