* este es un artículo que forma parte originalmente del libro de Alejandro Cánovas Pérez: Cosario cultural, El Cid Editor, 2022, pp 96-99
El tiempo es mensurable y sin embargo, ha sido medido de formas arbitrarias, lo cual muestra que los años, los meses y los días; las horas, los minutos y los segundos, son siempre convenciones como la propia idea de tiempo. Los calendarios igualmente, resultan diferentes entre sí: por ejemplo, el nuestro se basa en la convención de seguir el ciclo del año solar, es decir, tiene 365 días y un cuarto, mientras que otros ( el azteca o el vietnamita ), toman el mes lunar (de veinte días).
Otra convención existe como el comienzo de una Era, en un punto que llamamos el año cero.
Los meses del año se llaman enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre.
Este hecho testimonia del origen ecléctico de nuestro calendario: es decir, si nos fijamos que desde septiembre a diciembre estos nombres provienen de un antiguo orden numeral: siete, ocho, nueve, diez –sept (siete), oct (ocho), nov (nueve), dic (diez)–, mientras que el resto de los meses toma nombre de dioses o de acciones o de hombres: enero (Jano: dios latino del pasado y del presente), febrero (mes de la fiebre), marzo (dedicado a Martes, dios de la Guerra), abril (apertura), mayo (Maya, diosa), junio (Juno, esposa de Júpiter), julio (por Julio César), agosto (por Octavio Augusto).
Es posible que dos o más calendarios se fundieran en uno solo. Nuestro calendario es huella, pues de un pasado vivo...
¿Existe un año cero?
El ciclo del tiempo es desigual. El tiempo –como lo sabemos después de Albert Einstein– se encoge y se estira, sin ser exactamente igual. Además, si sabemos que los calendarios anteriores al nuestro: el calendario juliano y el calendario gregoriano, llamados así en honor a sus reformadores –Julio César,19 y el Papa Gregorio XIII, trataron de perfeccionar las equivalencias entre los días del año inventados por el hombre y el verdadero año solar, entonces, muchos fenómenos se comprenderían.
Resumiendo lo dicho sobre el calendario, añadamos que los días son seguro vínculo hacia el pasado y el futuro. Calendas era en el calendario ( véase la similitud de origen de la palabra ) el primer día del mes entre los griegos y los romanos; según era conveniente por observación astronómica o decisión de las autoridades, le seguían los idus , los cuales se situaban entre el duodécimo o el quince del mes ( recuérdese los idus de marzo: muerte de Julio César). Y las fechas se tenían en cuenta antes o después de estas marcas en el mes. (Calendas, –o primer día del mes–, N días después de las calendas, N días antes de las calendas –del próximo mes– , Idus –día doce o quince del mes– , N días antes de los idus, N días después de los idus.
Igualmente, los días de la semana se disponían de la siguiente manera:
domingo (día del señor): Dominicus dei, dimanche, sunday (día del sol)
lunes (día de la Diosa Luna): Monday, lundi,
martes (dedicado al dios Martes): Mardi,
miércoles (dedicado al dios Mercurio) Mercredi,
jueves (dedicado a Jove o Júpiter) Jeudi,
viernes (dedicado a la diosa Venus), vendredi
sábado (dedicado al dios Saturno), sabaoht, samedi, saturday
Esta disposición revela un pasado remoto en el que los días significaban algo desde el punto de vista religioso y cultural. La rotación de las cincuenta y dos semanas promedio en un año, garantizaba el homenaje, el destino, las relaciones entre dioses y hombres a través del tiempo. Un tiempo que dejando su huella cultural, ya no tiene significación diaria, a través del calendario general para todos (sin embargo, en casi todos tiene aún equivalencias religiosas). Este calendario general se ha convertido en un calendario civil, es decir, en desprovisto de exigencias filosóficas para un hombre que, queriendo atrapar una noción cada vez más exacta del tiempo (relojes y medidores temporales cada vez más perfectos), olvida que es él mismo quien ha inventado el concepto del tiempo.
19 Julio César en el 46 a.n.e., decidió, siguiendo la recomendación del astrónomo griego Sosígenes, establecer un nuevo calendario. Este fijaba la duración de un año normal en 365 días y la creación de un año bisiesto, cada 4 años, con 366 días, el dia más largo era el 24 de febrero. César llevó el principio del año al 1ero de enero en lugar del otrora 1ero de marzo. El calendario juliano hacía durar el año 11 minutos y 14 secondes más que el año solar. Esta diferencia se acumuló durante siglos y en 1582 el equinoccio invernal cayó 10 días antes de la fecha del calendario. Entonces para que el equinoccio cayera el 21 de marzo, como en el 325 d.n.e. (año del primer Concilio de Nicea, que había instaurado las principales reglas de computo eclesiástico), el Papa Gregorio XIII decretó que diez días de ese año debían ser suprimidos del calendario. Entonces, Gregorio XIII instituyó un nuevo calendario que suprimía todos los años de principios de siglo, con la excepción de aquellos cuya parte milésima fuera divisible por 400. De esta forma, el 1600 fue bisiesto, mientras que el 1700 y el 1800 fueron años totalmente normales.[…]» En: Enciclopedia Microsoft Encarta, 2003.