Sobre la autora del blog.

Marcia Losada García, LA HABANA, 1961
Índice ORCID: 0000-0002-9083-218X
Profesora titular e investigadora®, Universidad de La Habana (UH): Licenciada en griego antiguo y latín clásico, Facultad de Artes y Letras, 1984. Maestra en Estudios Semánticos Aplicados al Análisis de Texto y de Discurso, Facultad de Lenguas Extranjeras (FLEX), 1999. Doctora en Filología, Universidad de la Habana, 2003. Cuenta en su curriculum de estudios con el componente académico de Maestría en Lingüística Hispánica. Diplomada posdoctoral en Estudios de Sistemas Complejos del Instituto de Filosofía de la Habana, 2007. Presidenta de la comisión de Carrera de Estudios Lingüísticos Especializados (ELE) en la Facultad de Lenguas Extranjeras (FLEX), Universidad de La Habana, 2004- 2005. Analista del CENAM Org. Central (2010). Creadora y directora de la Red de Observatorios Universitarios (2012-2015). Ha pertenecido a cuatro claustros de Maestría y Doctorado (FLEX, Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), Dirección de Publicaciones Académicas-UH, 2015-2019) Miembro de la Junta de Acreditación Nacional de carreras (JAN). leer más.

miércoles, 17 de junio de 2026

"Análisis de ADN antiguo revela que los íberos conservaron gran parte de su herencia genética durante 600 años", enviado por la Dra. Marcia Losada

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: 17.06.2026 | 11:32Actualizado: 17.06.2026 | 11:32

Fuente:  https://muyinteresante.okdiario.com/historia/analisis-adn-antiguo-54-bebes-iberos-revela-600-anos-historia-genetica-antes-roma.html

 

Un análisis de ADN antiguo en 54 bebés revela que los íberos conservaron gran parte de su herencia genética durante 600 años, pese a siglos de contacto con fenicios, griegos y cartagineses

Durante siglos, fenicios, griegos y cartagineses comerciaron con los pueblos ibéricos, pero un nuevo estudio sugiere que su impacto genético fue mucho menor de lo que se pensaba.

 

 El ADN antiguo muestra que los pueblos ibéricos del noreste peninsular apenas experimentaron cambios genéticos durante seis siglos antes de la romanización. Recreación fantasiosa. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

 La historia de los iberos suele contarse como la de una cultura profundamente conectada con el Mediterráneo. Sus asentamientos comerciaban con fenicios, recibían productos griegos y, más tarde, convivieron con la creciente influencia cartaginesa. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz ánforas, cerámicas, joyas y objetos procedentes de lugares muy alejados de la costa oriental de la península ibérica. Sin embargo, una nueva investigación genética acaba de introducir un importante matiz en ese relato: los intercambios culturales fueron intensos, pero su impacto biológico fue mucho menor de lo que se pensaba.

Lo que vas a descubrir en este artículo

Un equipo internacional liderado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona ha reconstruido la evolución genética de comunidades ibéricas del noreste peninsular a lo largo de aproximadamente seis siglos. El estudio, publicado en la revista iScience, se ha basado en el análisis de los restos de 54 recién nacidos hallados en tres importantes yacimientos arqueológicos de la actual Cataluña, una fuente excepcional de información debido a que los iberos practicaban mayoritariamente la cremación de sus difuntos adultos.

Los resultados ofrecen una imagen mucho más estable de estas poblaciones de lo que los especialistas habían imaginado. Lejos de mostrar grandes sustituciones demográficas o la llegada de grupos numerosos procedentes de otros territorios mediterráneos, los datos apuntan a una continuidad genética notable desde la Edad del Bronce hasta la conquista romana.

Se trata de una conclusión especialmente relevante porque aborda uno de los grandes debates sobre el origen de la cultura ibérica. Durante décadas, algunos investigadores plantearon la posibilidad de que los cambios sociales, políticos y económicos observados durante la Edad del Hierro estuvieran relacionados con movimientos de población significativos. El ADN antiguo sugiere ahora una historia diferente.

Una cultura nueva, pero con la misma población

Los investigadores estudiaron individuos procedentes de tres enclaves arqueológicos que permiten seguir la evolución de las comunidades ibéricas durante varios siglos. El primero es Els Vilars de Arbeca, en Lleida, asociado tradicionalmente a los ilergetes y fundamental para comprender la transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. El segundo corresponde a Sant Miquel d'Olèrdola, en el Penedès, vinculado a los cosetanos. El tercero es El Camp de les Lloses, en Tona, un asentamiento que refleja ya el impacto de la expansión romana.

Gracias al análisis de estos individuos, los investigadores pudieron seguir la pista de la historia genética de las comunidades ibéricas del noreste peninsular durante casi ocho siglos, desde los primeros momentos de la Edad del Hierro hasta los inicios de la presencia romana.

Los resultados revelaron un panorama inesperadamente homogéneo. La inmensa mayoría de las personas estudiadas compartían una misma base genética heredada de las grandes poblaciones que habían modelado la península ibérica a lo largo de la Prehistoria: los cazadores-recolectores occidentales, los agricultores llegados desde Anatolia durante el Neolítico y los grupos de ascendencia esteparia que se expandieron por Europa durante la Edad del Bronce.

En la práctica, esto significa que el surgimiento de la cultura ibérica no estuvo asociado a la llegada masiva de un nuevo pueblo procedente del exterior. Por el contrario, los datos apuntan a que fueron las propias comunidades locales las que protagonizaron una profunda transformación cultural, económica y política sin que se produjera una sustitución significativa de la población.

La investigación refuerza así una hipótesis que desde hace años gana peso entre los arqueólogos: las complejas sociedades ibéricas que florecieron en el este y noreste de la península habrían surgido principalmente a partir de dinámicas internas, con una evolución gradual hacia estructuras sociales cada vez más jerarquizadas, y no como consecuencia directa de grandes migraciones.

Tal y como revela el estudio, la aparición de la cultura ibérica no estuvo acompañada de una sustitución masiva de la población local, sino de un proceso de transformación cultural desarrollado sobre una base genética que ya estaba presente en la región desde la Edad del Bronce.

Fenicios, griegos y cartagineses dejaron huella, pero limitada

La investigación no niega la existencia de contactos con otras culturas mediterráneas. De hecho, los detecta con claridad. Lo que cambia es la magnitud de esos intercambios desde el punto de vista biológico.

Durante siglos, los puertos y asentamientos del litoral oriental peninsular mantuvieron relaciones comerciales con fenicios, griegos y cartagineses. Los objetos recuperados en las excavaciones demuestran que aquellas conexiones eran reales y constantes. Sin embargo, el ADN indica que la llegada de personas procedentes de esas regiones fue relativamente reducida.

A pesar de esta notable continuidad genética, el estudio también identificó algunas excepciones que reflejan los contactos que las comunidades ibéricas mantenían con otros pueblos del Mediterráneo. Algunos individuos presentan rasgos genéticos compatibles con ascendencias procedentes del Mediterráneo oriental o del norte de África, una señal de que personas y familias concretas se desplazaban entre regiones, aunque sin alterar de forma significativa la composición general de la población.

Uno de los casos más llamativos fue documentado en el yacimiento de Sant Miquel d'Olèrdola. Allí, los investigadores identificaron a un recién nacido portador de un linaje materno poco frecuente en la península ibérica y asociado a poblaciones norteafricanas. Según los autores, este hallazgo podría estar relacionado con vínculos familiares surgidos en el marco de las redes comerciales y humanas conectadas con el mundo púnico.

El contexto geográfico del asentamiento ayuda a explicar esta presencia. Situado en una zona bien comunicada con la costa mediterránea, Olèrdola ocupaba una posición privilegiada dentro de los circuitos comerciales de la época. Mercancías, ideas y personas transitaban por estas rutas con relativa facilidad, favoreciendo contactos que, en ocasiones, también dejaron una huella detectable en el ADN.

Sin embargo, estos ejemplos siguen siendo excepcionales dentro del conjunto analizado. Los investigadores subrayan que las aportaciones externas fueron esporádicas y se incorporaron de manera gradual a lo largo del tiempo. En términos generales, las comunidades ibéricas conservaron una fuerte continuidad biológica durante generaciones, incluso en un contexto de intensos intercambios culturales con otros pueblos mediterráneos.

Los bebés que permitieron reconstruir la historia genética de los iberos

Uno de los aspectos más singulares del trabajo reside precisamente en los individuos estudiados. La mayoría de los adultos iberos eran incinerados tras su muerte, una práctica funeraria que dificulta enormemente la recuperación de ADN antiguo y limita las posibilidades de investigación genética.

Por este motivo, los recién nacidos enterrados bajo viviendas, patios y espacios de trabajo se han convertido en una fuente de información excepcional. Estos pequeños enterramientos, relativamente frecuentes en algunos asentamientos ibéricos, han proporcionado a los científicos un material biológico extraordinariamente valioso para reconstruir la historia de poblaciones de las que apenas se conservan restos humanos analizables.

Paradójicamente, quienes apenas llegaron a comenzar su vida se han convertido hoy en una de las principales claves para comprender la evolución biológica de una de las culturas más importantes de la península ibérica prerromana.

Los investigadores analizaron 54 individuos infantiles. En 22 de ellos lograron recuperar suficientes datos genómicos para realizar estudios detallados, mientras que en otros nueve pudieron reconstruir el ADN mitocondrial heredado por vía materna.

Este material ha permitido no solo estudiar la composición genética de las comunidades, sino también explorar sus relaciones familiares.

Los resultados ofrecieron algunas sorpresas. En Els Vilars no se identificaron parentescos cercanos entre los individuos estudiados. En Sant Miquel d'Olèrdola, dos bebés enterrados juntos habían sido considerados durante años posibles gemelos por la peculiar disposición de sus esqueletos. El análisis genético descartó completamente esa hipótesis: no eran gemelos ni tampoco familiares cercanos.

Por el contrario, en El Camp de les Lloses sí aparecieron vínculos familiares directos. Los científicos identificaron una pareja de hermanas y varios individuos relacionados en segundo grado, proporcionando una rara ventana a la estructura familiar de estas comunidades de hace más de dos mil años.

Aunque las excavaciones han documentado abundantes objetos fenicios, griegos y cartagineses en los asentamientos ibéricos, la huella genética de estos contactos parece haber sido mucho más limitada que su influencia cultural y comercial.

Roma cambió el panorama

La verdadera transformación genética comenzó con la llegada de Roma. Los datos procedentes de El Camp de les Lloses muestran una población más diversa que la observada en los siglos anteriores. El asentamiento, vinculado a actividades logísticas y productivas relacionadas con la presencia romana, refleja un escenario mucho más abierto a la circulación de personas.

En este contexto aparecen con mayor frecuencia señales genéticas asociadas al Mediterráneo y al norte de África. Algunas de estas influencias pudieron llegar directamente a través de Roma. Otras quizá procedían de las redes comerciales heredadas del mundo púnico o de contactos con territorios como las Baleares.

Lo importante es que la diversidad aumenta precisamente cuando el poder romano se consolida en la región. La genética confirma así una transformación que los arqueólogos ya intuían a través de la arquitectura, la cerámica, las monedas y otros materiales hallados en los yacimientos.

Sin embargo, incluso entonces, el legado de los antiguos iberos no desapareció. La población romanizada conservó una fuerte base genética local, sobre la que se fueron incorporando nuevas aportaciones procedentes de distintos rincones del Mediterráneo.

La historia que emerge de este estudio es, por tanto, menos espectacular que una invasión o una sustitución de poblaciones, pero probablemente más cercana a la realidad. Durante siglos, los iberos del noreste peninsular comerciaron, intercambiaron ideas y adoptaron innovaciones llegadas de otros pueblos. Su cultura cambió profundamente, pero su ADN permaneció sorprendentemente estable. Solo con la llegada de Roma comenzó una nueva etapa en la que las fronteras biológicas se volvieron más permeables y la diversidad genética aumentó de forma visible.

Lejos de los grandes reemplazos demográficos, la investigación muestra que la historia humana suele construirse mediante procesos lentos, contactos continuos y pequeñas incorporaciones acumuladas durante generaciones. Una lección que, en este caso, ha quedado escrita en el ADN de unos recién nacidos enterrados hace más de dos mil años.


Referencias

  • Daniel R. Cuesta-Aguirre et al, The genetic landscape of northeastern Iberian communities from the early to late Iron Age, iScience (2026). DOI: 10.1016/j.isci.2026.116186




"Mezclar café usado con bicarbonato: para qué sirve y por qué se recomienda", enviado por la Dra. Marcia Losada

Actualizado el 17 de Junio de 2026 00:09

Esta combinación simple y económica gana popularidad por sus múltiples usos en el hogar.

 Lejos de ser un truco más sin fundamento, esta mezcla tiene múltiples usos en el hogar y cada vez más personas la incorporan a su rutina diaria.

 ¿Para qué sirve mezclar café usado con bicarbonato?

El café molido que queda después de su preparación suele terminar en la basura, pero en realidad conserva propiedades útiles. Al combinarlo con bicarbonato de sodio, se potencia su capacidad de limpieza, desodorización y exfoliación.

Entre los principales usos que se destacan:

 

·                     Eliminador de olores: el bicarbonato neutraliza olores, mientras que el café aporta un aroma agradable. Esta mezcla es ideal para colocar en la heladera, el tacho de basura o incluso en zapatos.

·                     Limpiador natural: gracias a su textura, el café actúa como abrasivo suave y, junto al bicarbonato, ayuda a remover suciedad en superficies como ollas, sartenes o piletas.

·                     Exfoliante corporal: en el cuidado personal, esta combinación puede utilizarse como exfoliante casero para la piel, ayudando a eliminar células muertas.

·                     Repelente de insectos: algunas personas lo usan en exteriores para alejar hormigas u otros insectos, aunque su efectividad puede variar.               

¿Por qué recomiendan mezclar café con bicarbonato?

El principal motivo por el que esta mezcla se volvió tendencia es su doble beneficio: permite reutilizar un residuo cotidiano y, al mismo tiempo, evitar el uso de productos químicos más agresivos.

Además, es una alternativa accesible, fácil de preparar y versátil, lo que la convierte en una opción atractiva para quienes buscan soluciones prácticas en el hogar.

¿Cómo prepararlo correctamente?

La preparación es simple: se mezcla café usado (ya seco) con una o dos cucharadas de bicarbonato de sodio hasta lograr una textura homogénea. Dependiendo del uso, se puede aplicar en seco o agregar unas gotas de agua para formar una pasta.

¿Cuáles son los factores a tener en cuenta?

Si bien es un método seguro en la mayoría de los casos, se recomienda probar primero en una superficie pequeña para evitar manchas o daños, especialmente en materiales delicados.

En definitiva, mezclar café usado con bicarbonato es una alternativa económica, sustentable y funcional que demuestra cómo pequeños hábitos pueden generar grandes cambios en el día a día.