Estimados todos:
Hace
una semana del lamentable deceso de la Dra. en Ciencias filológicas Alba E.
Pardo Prol. Les escribo, ya con sentimiento de pérdida más asentado, acerca de mi deuda de gratitud y agradecimiento a la magistra
y a Uds., los que me expresaron sus condolencias de forma interpersonal
por ser amigos o coincidir en esferas de trabajo.
Transité bajo la exigente supervisión de la
Dra. Alba, en Maestría, Doctorado, ejercicio como Profesora auxiliar, la acompañé
hasta el 2005 en sus publicaciones y compartí aula en dos y tres ciclos respectivamente de las
asignaturas Filosofía del Lenguaje y L. General. Fuimos compañeras de aula en
el Diplomado de la Cátedra de Complejidad, en ese entonces, adjunta a la ACC.El
eco pertinaz de sus enseñanzas está en
considerable medida en los libros que he publicado y las investigaciones
que aún realizo. De este sólido compromiso diario de trabajo emergió el
sentimiento de compartir actividades más amplias en el ámbito espiritual y
pragmático con incidencia positiva en nuestras
respectivas familias. En esta última dimensión, adeudo acciones y experiencias
inolvidables y por esto también, testimonio mi gratitud.
Lo que ahora escribo no es un Elogio o una Nota necrológica de homenaje, pues es derecho de pronunciarse en este sentido, de familiares o de la Institución en la que
prestó el servicio de una vida y trabajando dentro de la cual -para resumir- recibió,
con modestia, la orden José martí.
Pertenezco -y hablo desde allí- al numeroso
grupo de alumnos de posgrado al que brindó el inestimable servicio de enseñarles y mostrarles la utilidad de aplicar, en el
ámbito de la lingüística general, como
herramienta indispensable, los conocimientos filosóficos, al estudio del
lenguaje natural.
Lo hizo con
creces.
Y este es
solo un botón de muestra de notables esfuerzos por su patria, en los terrenos
cultural, político, diplomático y magisterial, sin descuidar, ni un instante,
sus deberes familiares, sobre todo, con hijos y nietos; lo anterior siempre desde
una perspectiva humanista y de amor por los jóvenes educandos, sentimiento este
último, que ha sido la columna vertebral
de todos sus desvelos hasta el instante final de su existencia física.
Observando un
último parecer de la magistra (la
escuche debilitada pero lúcida durante ¡casi una hora! el jueves anterior a su
deceso) cumplo con “la profe” al mostrarles este video adjunto, cuyo asunto versa sobre una
exhortación a los jóvenes de ocupar
activamente sus escenarios vitales- y que me fue enviado
coincidentemente también por otro avezado lingüista de nuestro país - material en el que converge lo que creo fue
parte importante del legado cívico de la magistra.No voy a dejar de extrañarla en su dimensión humanista profesional y como hija de sus enseñanzas y de su afecto.
En su memoria,
mi traducción –también ya más asentada- de una cita del aula magna de su querida Universidad
de la Habana que tipifica el resumen de la actuación de la Dra. Alba Pardo:
“Nos
es otorgada por la naturaleza una existencia efímera pero es el recuerdo de una
vida bien llevada lo que nos hace trascendentes”.
Atte., a Uds.
Dra. C FILOLOGICAS
Marcia Losada G.
(alumna)