Sobre la autora del blog.

Marcia Losada García, LA HABANA, 1961
Índice ORCID: 0000-0002-9083-218X
Profesora titular e investigadora®, Universidad de La Habana (UH): Licenciada en griego antiguo y latín clásico, Facultad de Artes y Letras, 1984. Maestra en Estudios Semánticos Aplicados al Análisis de Texto y de Discurso, Facultad de Lenguas Extranjeras (FLEX), 1999. Doctora en Filología, Universidad de la Habana, 2003. Cuenta en su curriculum de estudios con el componente académico de Maestría en Lingüística Hispánica. Diplomada posdoctoral en Estudios de Sistemas Complejos del Instituto de Filosofía de la Habana, 2007. Presidenta de la comisión de Carrera de Estudios Lingüísticos Especializados (ELE) en la Facultad de Lenguas Extranjeras (FLEX), Universidad de La Habana, 2004- 2005. Analista del CENAM Org. Central (2010). Creadora y directora de la Red de Observatorios Universitarios (2012-2015). Ha pertenecido a cuatro claustros de Maestría y Doctorado (FLEX, Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), Dirección de Publicaciones Académicas-UH, 2015-2019) Miembro de la Junta de Acreditación Nacional de carreras (JAN). leer más.

martes, 21 de julio de 2026

EL CALENDARIO (A PROPOSITO DE ESTE MES DE JULIO)*, por el Mtro. Alejandro Cánovas Pérez

 * este es un artículo que forma parte originalmente del libro de Alejandro Cánovas Pérez: Cosario cultural, El Cid Editor, 2022,  pp 96-99

El tiempo es mensurable y sin embargo, ha sido medido de formas arbitrarias, lo cual muestra que los años, los meses y los días; las horas, los minutos y los segundos, son siempre convenciones como la propia idea de tiempo. Los calendarios igualmente, resultan diferentes entre sí: por ejemplo, el nuestro se basa en la convención de seguir el ciclo del año solar, es decir, tiene 365 días y un cuarto, mientras que otros ( el azteca o el vietnamita ), toman el mes lunar (de veinte días).

Otra convención existe como el comienzo de una Era, en un punto que llamamos el año cero.

Los meses del año se llaman enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

Este hecho testimonia del origen ecléctico de nuestro calendario: es decir, si nos fijamos que desde septiembre a diciembre estos nombres provienen de un antiguo orden numeral: siete, ocho, nueve, diez –sept (siete), oct (ocho), nov (nueve), dic (diez)–, mientras que el resto de los meses toma nombre de dioses o de acciones o de hombres: enero (Jano: dios latino del pasado y del presente), febrero (mes de la fiebre), marzo (dedicado a Martes, dios de la Guerra), abril (apertura), mayo (Maya, diosa), junio (Juno, esposa de Júpiter), julio (por Julio César), agosto (por Octavio Augusto).

Es posible que dos o más calendarios se fundieran en uno solo. Nuestro calendario es huella, pues de un pasado vivo...

¿Existe un año cero?

El ciclo del tiempo es desigual. El tiempo –como lo sabemos después de Albert Einstein– se encoge y se estira, sin ser exactamente igual. Además, si sabemos que los calendarios anteriores al nuestro: el calendario juliano y el calendario gregoriano, llamados así en honor a sus reformadores –Julio César,19 y el Papa Gregorio XIII, trataron de perfeccionar las equivalencias entre los días del año inventados por el hombre y el verdadero año solar, entonces, muchos fenómenos se comprenderían.

Resumiendo lo dicho sobre el calendario, añadamos que los días son seguro vínculo hacia el pasado y el futuro. Calendas era en el calendario ( véase la similitud de origen de la palabra ) el primer día del mes entre los griegos y los romanos; según era conveniente por observación astronómica o decisión de las autoridades, le seguían los idus , los cuales se situaban entre el duodécimo o el quince del mes ( recuérdese los idus de marzo: muerte de Julio César). Y las fechas se tenían en cuenta antes o después de estas marcas en el mes. (Calendas, –o primer día del mes–, N días después de las calendas, N días antes de las calendas –del próximo mes– , Idus –día doce o quince del mes– , N días antes de los idus, N días después de los idus.

Igualmente, los días de la semana se disponían de la siguiente manera:

 

domingo (día del señor): Dominicus dei, dimanche, sunday (día del sol)

lunes (día de la Diosa Luna): Monday, lundi,

martes (dedicado al dios Martes): Mardi,

miércoles (dedicado al dios Mercurio) Mercredi,

jueves (dedicado a Jove o Júpiter) Jeudi,

viernes (dedicado a la diosa Venus), vendredi

sábado (dedicado al dios Saturno), sabaoht, samedi, saturday

Esta disposición revela un pasado remoto en el que los días significaban algo desde el punto de vista religioso y cultural. La rotación de las cincuenta y dos semanas promedio en un año, garantizaba el homenaje, el destino, las relaciones entre dioses y hombres a través del tiempo. Un tiempo que dejando su huella cultural, ya no tiene significación diaria, a través del calendario general para todos (sin embargo, en casi todos tiene aún equivalencias religiosas). Este calendario general se ha convertido en un calendario civil, es decir, en desprovisto de exigencias filosóficas para un hombre que, queriendo atrapar una noción cada vez más exacta del tiempo (relojes y medidores temporales cada vez más perfectos), olvida que es él mismo quien ha inventado el concepto del tiempo.

19 Julio César en el 46 a.n.e., decidió, siguiendo la recomendación del astrónomo griego Sosígenes, establecer un nuevo calendario. Este fijaba la duración de un año normal en 365 días y la creación de un año bisiesto, cada 4 años, con 366 días, el dia más largo era el 24 de febrero. César llevó el principio del año al 1ero de enero en lugar del otrora 1ero de marzo. El calendario juliano hacía durar el año 11 minutos y 14 secondes más que el año solar. Esta diferencia se acumuló durante siglos y en 1582 el equinoccio invernal cayó 10 días antes de la fecha del calendario. Entonces para que el equinoccio cayera el 21 de marzo, como en el 325 d.n.e. (año del primer Concilio de Nicea, que había instaurado las principales reglas de computo eclesiástico), el Papa Gregorio XIII decretó que diez días de ese año debían ser suprimidos del calendario. Entonces, Gregorio XIII instituyó un nuevo calendario que suprimía todos los años de principios de siglo, con la excepción de aquellos cuya parte milésima fuera divisible por 400. De esta forma, el 1600 fue bisiesto, mientras que el 1700 y el 1800 fueron años totalmente normales.[…]» En: Enciclopedia Microsoft Encarta, 2003.

 

El primer hospital de La Habana, y de Cuba, artículo enviado por la Dra. Marcia Losada y el Mtro. Alejandro Cánovas Pérez

Fuente: https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/2024/08/el-primer-hospital-de-la-habana-y-de.html

 La fundación del primer hospital que reconoce la historia de Cuba se remonta al año 1599 y se encontraba en el espacio que hoy ocupa el parque San Juan deDios, en La Habana Vieja.

Ese centro asistencia llevaba por nombre San Felipe el Real o San Felipe y Santiago y en aquella época el lugar donde se asentaba era conocido como la pequeña ciénaga.

A partir de 1602, por estar regido por los religiosos de San Juan de Dios, una de las órdenes hospitalarias españolas, comenzó a llamarse por el nombre de ese santo, hasta 1793, en que su administración pasó a manos de las autoridades municipales y en 1861, al derrumbarse el viejo caserón que ocupaba, se construyó un nuevo local en lo que es hoy la manzana formada por las calles Aguiar, San Juan de Dios, Habana y Empedrado.
En febrero de 1886 sus servicios se trasladaron a un edificio construido en el terreno que hoy ocupa la heladería Coppélia, en las calles 23 y L, en El Vedado, y su nombre cambió por el de Nuestra Señora de las Mercedes. El 14 de ese mes se trasladaron hacia allí los enfermos ingresados en el antiguo emplazamiento de La Habana Vieja.

Fue en ese centro donde funcionó la primera escuela de enfermeras de Cuba y el primer servicio de rayos X, tecnología traída al país por el doctor Carlos Desvernine, a finales del siglo XIX.

En 1957 volvió a trasladarse a un nuevo edificio, levantado en las inmediaciones de las calles Zapata y C, donde hoy funciona el Hospital Clínico Quirúrgico Docente Comandante Manuel Fajardo. (Gilberto González. Ilustración: Habana Radio).

 

La Historia Geográfica Del Nacimiento De CUBA, video enviado por la Dra. Marcia Losada


 

lunes, 6 de julio de 2026

"Unos arqueólogos han desenterrado en Francia una vasija llena con decenas de miles de monedas romanas de hace 1.800 años", enviado por la Dra. Marcia Losada

 Fuente: https://www.xataka.com/magnet/arqueologos-han-desenterrado-tesoro-francia-vasija-llena-decenas-miles-monedas-romanas-hace-1-800-anos?utm_source=whatsapp_AMP&utm_medium=social&utm_campaign=botoneramobile_AMP

Autor: Carlos Prego


 

Un antiguo yacimiento de la región de Lorena ocultaba un secreto inesperado: tres vasijas repletas de monedas

Anfora 

En la vida real el trabajo de los arqueólogos se parece poco o nada (más bien nada) a lo que nos muestran las pelis de Indiana Jones. No hay fastuosos tesoros enterrados, ni cofres hasta arriba de monedas, ni habitáculos secretos capaces de pasar siglos ocultos. Esa es la regla general, claro. Luego nos encontramos con casos como el de Senon, en Lorena, Francia, que nos recuerdan que a veces la realidad supera la ciencia ficción. Incluso la filmada por Steven Spielberg.

 

Allí los arqueólogos han encontrado tres ánforas con 40.000 monedas romanas.

 

Al norte de Francia. Senon es una pequeña población del departamento de Mosa, en Francia, próxima a las fronteras con Bélgica, Luxemburgo y Alemania. Hoy quizás sea una localidad discreta, pero hace siglos fue uno de los principales asentamientos de los Mediomatrici, una antigua población celta de la Galia que tenía su capital en la vecina Metz, entonces conocida como Divodoro.

 

Hace poco, al excavar en Senon, los arqueólogos llegaron a los vestigios de un área poco conocida con varias capas que abarcan desde el período galo (previo a la conquista de Julio César) hasta mediados del siglo IV de nuestra era.

 

Una crónica bajo tierra. Como explica el Instituto National de Recherches Archéologiques Préventives (INRAP), los nuevos descubrimientos en la zona se produjeron (casi) por pura casualidad. Durante las obras de ampliación de una vivienda, los investigadores excavaron una parcela de 1.500 metros cuadrados (m2) que les mostró una parte conocida pero poco explorada de Senon. 

 

En general, el yacimiento conserva antiguas estructuras excavadas en la tierra, como fosas, zanjas o huecos de postes que datan desde el siglo II a.C. al inicio de nuestra era; y otras estructuras que se extienden hasta avanzado el siglo IV d.C.

 

A medida que ahondaban en las capas arqueológicas, los investigadores encontraron antiguas canteras de piedra caliza, construcciones, restos de viviendas y caminos, muros, hornos, patios… "Las características arquitectónicas, junto con la cultura material revelada por los pequeños objetos hallados en el yacimiento, indican una población relativamente acomodada, posiblemente compuesta por artesanos o comerciantes", constatan desde el INRAP.

 

Y llegó la gran sorpresa. Durante sus excavaciones, los arqueólogos localizaron algo más que antiguos muros y calzadas. Al estudiar restos de la zona residencial datados en la Antigüedad tardía, descubrieron tres grandes vasijas de cerámica con miles de monedas que datan entre el último cuatro del siglo III d.C. y principios del IV. Dos de esas ánforas se localizaron en la excavación del INRP. La otra apareció durante los trabajo del Servicio Regional de Arqueología.

 

En diciembre, Live Science precisaba que en total el 'tesoro' incluye más de 40.000 monedas. Para ser más precisos, la primera ánfora contiene 38 kg de metal, lo que equivale a unas 23.000-24.000 piezas, según los cálculos de Vicent Geneviève, numismático del INRAP. La segunda jarra tiene el cuello roto y ronda en total los 50 kg, por lo que los expertos estiman que contiene entre 18.000 y 19.000. Curiosamente, el tercer recipiente conserva solo tres piezas.

 

 Al analizar todo ese material en detalle, los arqueólogos galos llegaron a la conclusión de que las ánforas se enterraron entre el 280 y 310 d.C. De hecho, algunas monedas incluyen el rostro de los emperadores Victorino, Tétrico I y su hijo Tétrico II, emperadores del fugaz Imperio Galo que gobernaron la región de espaldas al poder centralizado de Roma entre los años 260 y 274 d.C.

 

 ¿Por qué es importante? No todos los días se descubren ánforas de hace 1.800 años con 40.000 monedas romanas. Sin embargo, para ser honestos, en la zona de Mosa se han encontrado ya una treintena de depósitos con monedas.

 

 

Si el descubrimiento del INRAP resulta tan importante es, más que por la cantidad de piezas de las vasijas, por su contexto. Los arqueólogos creen que no estamos ante tesoros escondidos por seguridad, sino más bien ante una especie de banco casero. Es más, las ánforas no se ocultaron con monedas dentro. Todo indica que se enterraron en un lugar accesible y luego se fueron llenando.

 

"Colocados cuidadosamente". "Estos depósitos deberían considerarse como una instantánea de una gestión monetaria compleja, planificada a medio y largo plazo, dentro de un hogar o administración, capaz de realizar depósitos y retiros a intervalos regulares", explican los expertos del INRAP, que tras analizar las vasijas y su entorno no aprecian signos de un "ocultamiento apresurado".

 

"Los recipientes fueron colocados cuidadosamente en fosas bien preparadas, verticales gracias a piedras de nivelación. Su ubicación, en salas aparentemente comunes y a una altura cercana a la del suelo, indica que permanecieron fácilmente accesible para su propietario", insisten los arqueólogos.

 

El gran misterio. En realidad el gran misterio no es por qué alguien (una o más personas) almacenó decenas de miles de monedas en ánforas enterradas a ras del suelo o qué pretendía hacer con todo ese dinero. El auténtico enigma es por qué las dejó allí, aparentemente olvidadas durante siglos. Los expertos del INRAP deslizan varias ideas, como el hecho de que Senon acogiese en esa época una fortificación militar situada a escasos 150 metros de la zona excavada.

 

¿Había un vínculo entre las ánforas con monedas y esa base militar? ¿Se reservaba el dinero para pagos? Los investigadores saben que a principios del siglo IV se registró un incendio en la zona que pudo afectar a los depósitos de monedas. Más tarde las viviendas se reconstruyeron aprovechando los cimientos y muros calcinados, pero esa segunda ocupación apenas duró 50 años. El lugar pareció despoblarse de forma definitiva a medidos del IV, tras otro incendio.

 

 Imágenes | Simon Ritz-Anthony Robin-INRAP