Caminos al pensamiento: Por la Utilidad de la Virtud
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martes, 15 de noviembre de 2022
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lunes, 14 de noviembre de 2022
Qué es para mí un buen estudiante, por Dra. Marcia Losada
(Algunos ejemplos)
Felicidades alumnos y alumnos-colegas de posgrado en el Día Internacional del estudiante 17 de noviembre, que se celebrara este jueves.
Contamos con excelentes definiciones de lo que un buen estudiante es, expresado por renombrados pedagogos nacionales e internacionales.
No obstante, a eso, como ya habito en una edad conclusiva, quiero rendir un modesto homenaje al segmento estudiantil de pregrado y posgrado dejándoles testimonio de lo que un buen estudiante es, según mi experiencia acumulada en 35 años de trabajo.
La inmensa mayoría conoce, no olvida y se conmueve con el recuerdo de un grupo de jóvenes universitarios en Checoslovaquia, que se volcaron valientemente a las calles de Praga, estando dispuestos a pagar el costo de los héroes – pro patria mori- en su protesta contra el nazismo.
Inspirada en estos heroicos jóvenes y en aquellos que he tenido frente a mí en el aula, con el difícil heroísmo de vivir la compleja vida cotidiana escribo una aproximación propioceptiva.
Qué es: Un estudiante es aquel sujeto de aprendizaje (siempre seré maestra) que asume el proceso de aprehensión y aplicación desde una forma de saber (de necesidad, objetividad, realidad) sobre alguna ciencia social, natural, disciplina técnica, obrera o artística, en una institución escolar en la que se les propone evalúa y certifica alguna modalidad de diseño curricular en una especialidad.
Qué hace: Estudiar, trabajar, investigar. Aprender y desarrollar las competencias adecuadas para trabajar en equipo- red, con sinergia, empatía y axiología adecuada a su contexto cultural.
Qué cualidades tiene: El buen estudiante debe tener la cualidad de saber leer con capacidad interpretativa, para apropiarse de los contenidos anclados en el significado de los textos establecidos de su especialidad y así renovarlos, otorgándoles un nuevo sentido. Un buen estudiante debe de saber seleccionar y escribir mediante la estrategia de redacción adecuada, para ajustar los métodos de desarrollo como grafía de su pensamiento, a la intencionalidad requerida. Hablar con fluidez para intercambiar sus ideas con colegas y profesores; debe tener disciplina de estudio para apropiarse de los conocimientos académicos, lo cual entiendo como el saber evaluar y jerarquizar, distribuir este tiempo (que no tiene que ser “ni mucho, ni poco”) en función de apropiarse con eficiencia ,de cada materia de su especialidad y poseer no solo recursos nemotécnicos adecuados de memorización, sino mediante la escucha atenta en el aula y la revisión de la bibliografía , fortalecer sus campos asociativos, para construir sus propios hipertextos. Deben de aprender a asimilar los conocimientos investigativos heredados y en lo posible, superarlos con independencia individual. Todo lo anterior según las exigencias del nivel de educación que cursen.
Qué rasgos diferenciales: Mas que ningún otro estudiante el universitario, (por el esfuerzo recibido, la expectativa que pone en ello la sociedad, la Institución y su familia) tiene que asumir al más alto nivel las competencias requeridas en el sistema de conocimientos de su carrera, desde una perspectiva modal de ponderación reflexiva- constructiva, para aplicarlos con honestidad, profesionalidad y fidelidad a sus ideas, en función de su patrimonio cultural, donde quiera que se encuentren. Ser personas que ejerzan el humanismo cuando se pueda y aun, cuando no.
Agradezco a todos mis alumnos y a los alumnos- colegas el honor haberles impartido clases, haber guiado (a algunos) en el camino de la investigación. Con especial afecto, por sus esfuerzos en cumplir con los marcadores anteriores, felicito a: José P. Olivares, Fabio Murrieta, Emma Fernández, Ernesto Sierra, Redys Puebla, J. Adrián Vitier, deseándoles que donde quiera que estuvieren, sean personas de bien.
Yo por mi parte como alumna, agradezco a mis maestros.
Atte. a todos
Marcia Losada.
Dra en C. Filológicas
lunes, 7 de noviembre de 2022
sábado, 22 de octubre de 2022
La Pasión de Lucía (texto de ficción), por Dr. C. Lingüísticas Ernesto Wong G.(autor invitado)
Bardo: Ernesto Wong García
Cántame, Musa, la cólera de aquella
hembra: Lucía Milán, revendedora
de felpas, y de su proveedora
Lili Mantilla, de la Alta Habana,
cuya pasión indigna y provinciana
en la Posteridad dejó su huella.
Corría aquel noviembre de pandemia,
de precios reordenados, y Lucía
a encontrar fue un anuncio que decía:
«Vendo felpitas, paquetes de cincuenta».
Curtida como estaba en compraventa,
vio la ocasión que Fortuna le ofrecía.
«¡Qué de felpitas!», pensó. «Esta es la mía.
Voy directico al PV, que el tiempo apremia.»
Como era de esperar, fue en el PV que
conoció a Lili Mantilla, de Alta Habana.
Comprole a ciento ochenta en la cubana
moneda cada un de los paquetes:
veinte en total. Y envió al mozalbete
de Ernesto, esposo fiel, a hacer el trueque.
Nunca sabremos, ¡oh, Musa!, los portentos
que acontecieron a Ernesto en el camino.
Pero, al volver, tuvo Lucía el tino
de computar diligente las felpitas.
¡Ay, horror! ¡Ay, pesadumbre! ¡Ay, cuita!
¡Pues de los veinte paquetes que traía,
dos de ellos cincuenta no tenían,
sino cuarenta y nueve!
¡Linchamiento!
¡Estafa! ¡Timo! ¡Deshonor tamaño!
Lucía no cabía en sí de furia.
A la plaza se fue a colmar de injurias
a la Lili Mantilla, de Alta Habana.
La llamó «estafadora», «tránsfuga», «fulana»;
«payasa» la llamó y le echó en cara
no haberla indemnizado; todo para
advertir a los incautos de su engaño.
Pero el Hado es cruel y entonces quiso
que por ataques e insultos la bloquearan;
que, mancillado su honor, la silenciaran
y que sufriera así su ultraje enmudecida.
La de Mantilla, camajana de esta vida,
a la querella haciendo caso omiso,
subió los precios y, sobre el occiso
cadáver del honor de la Lucía,
hoy vende los paquetes todavía,
sean de cuarenta y nueve o de cincuenta.
Que os sea leve, Milán, la vil afrenta.
Perdón pedisteis; Ernesto está contento.
Partís ahora hacia Rusia en un intento
por olvidar vuestros pesares en la estepa.
Que de la infamia el ruso pueblo nunca sepa;
que os dé en paquetes próximos la cuenta.
¡Que jamás os falten, Lili, las clientas!
¡Que el éxito os colme, señorita,
para que, cuando sople una tormenta,
no quede ningún moño sin felpita!
