De los nombres de Dios
No como ellos.
Fingiendo a sí mismos quienes son,
ocupados en los grandes asuntos de sus pequeños
escenarios;
Solo poner parches, etiquetas a las cosas
para taponear sus errores:
este es tu nombre,
esta, por siempre, tu nacionalidad
esta es la propiedad de la única casa que puedes
poseer,
este es el género que te toca,
aquel, el código de convivencia, so pena de
ostracismo
este, es el credo de tus hijos,
ese, por siempre, tu trabajo…
Y dicen redundando:
esta es nuestra realidad,
la mejor en el mundo, la posible.
¡Hasta la máquina de inventar palabras,
etiquetan!
Luego la contemplación de sus obras,
Su mundo perfecto, rotulado y sin sentido,
la pretensión de marcar mi horizonte y tu arcoíris.
Pero yo, habito la fuerza de cada segundo
que aún transcurre para mí.
De haber elegido mi trabajo,
del número de amigos,
de mi propio Cristo,
de cuándo decir adiós al gran teatro del mundo,
de escoger el sentido de mi Patria,
del poder real que otorgo al nominar
el espacio en que hago y me suicido,
a inscribir cada cosa en la que creo.
Ahora, ahora, ahora.
El mundo, aun para Dios arquitecto,
es multiforme, infinito e innombrable.
En: Vitrales zurcidos: poemas de la tercera edad
© Marcia del Carmen Losada García, 2024.
© Editorial Universitaria, 2024.
Primera edición e-ISBN: 978-959-16-5187-7